Opinión

Wikileaks: Chismes e ilegalidades

Tomás Díaz Salamanca

Los cables de Wikileaks revelan chismes diplomáticos, pero también episodios graves de la política internacional. No se puede dar la misma importancia a los dos. Opinión.

Wikileaks: Chismes e ilegalidades. Foto: EFE

Foto: EFE

Mucho se ha dicho sobre las recientes revelaciones que hizo el portal Wikileaks. Sobre si es ético o no revelar documentos clasificados. La última gran entrega de documentos (denominada 'Cablegate') puso contra las cuerdas a la diplomacia mundial. Al filtrarse 250.000 cables de embajadas de Estados Unidos alrededor del mundo, quedó expuesta mucha de la hipocresía y de los intereses non sanctos detrás del poder.

Colombia no ha sido ajena al
escándalo que han generado las revelaciones. No obstante, los medios, colombianos y de otros países, en muchos casos han desviado el debate político sobre las revelaciones, a la discusión sobre si es ético o no revelar documentos clasificados (en el peor de los casos se quedan cubriendo lo que podríamos llamar los chismes de la diplomacia internacional). Tomar el camino del cubrimiento del chisme o pensar que lo importante en el 'Cablegate' es la acción de revelar los documentos y no el contenido de dichos documentos no creo que sea lo más sensato. Al menos no si pensamos a la humanidad como un todo que necesitamos que avance hacia democracias sólidas respetuosas de los Derechos Humanos.

Sobre las revelaciones hay que hacer una distinción importante. Por un lado están las filtraciones que evidencian la hipocresía propia de los canales diplomáticos (que a un funcionario tal, de un gobierno tal, le caiga mal un funcionario tal de un gobierno tal). Y por otro lado, las revelaciones que realmente importan, las que hablan de los manejos oscuros del poder internacional. Las dos son un secreto, las dos caen en la categoría de documentos clasificados, pero a las dos no las podemos juzgar de la misma forma. La hipocresía es algo que es natural a las relaciones humanas. En lo privado y en lo público solemos ser hipócritas, solemos ser "diplomáticos". Si aceptamos que en nuestra esfera privada somos en muchos casos hipócritas, exigir que nuestras instituciones no lo sean es un sinsentido. Más cuando de ellas depende el frágil equilibrio de la concordia internacional. Teniendo en cuenta lo anterior, no deberíamos enfocarnos en los chismes de la alta diplomacia no solo porque es exagerar innecesariamente una situación, sino porque nos aleja del foco que deberíamos tener en esta discusión. Ese foco es el segundo grupo de documentos filtrados, los que muestran episodios oscuros del poder.

Que se refieran a Cristina Kirchner como "mentalmente inestable" es algo que puede calificar como chisme. Que una compañía farmacéutica
chantaje a un funcionario nigeriano para que desista de una demanda por pruebas médicas hechas en niños, no es un chisme, es una acción claramente ilegal y que violenta los Derechos Humanos. Que un helicóptero apache mate a civiles y a dos periodistas también es una acción ilegal y que atenta contra los DD.HH. En ese sentido, a pesar de que como documentos clasificados caen en el mismo costal, actos criminales y de corrupción mantenidos en secreto no pueden ser juzgados de la misma forma que se juzga un chisme o una opinión de un funcionario que se mantiene en secreto para no minar las relaciones internacionales.

En este punto cabe recordar el refrán de "No maten al mensajero". A Julian Assange y Wikileaks los considero, en lo personal, como ejemplos a seguir en el periodismo. En Colombia deberíamos reconocer el papel tan importante que juega el periodismo investigativo a la hora de destapar violaciones de derechos humanos y actos ilegales. En ese sentido, Assange no tendría por qué enfrentar un proceso penal, y Wikileaks no debería tener que hacer su trabajo perseguidos constantemente (vale la pena decir que en la tierra de la libertad, EE.UU., algunos republicanos están pidiendo la pena de muerte para Assange, y cargos de terrorismo contra Wikileaks). Los que deben enfrentar a la justicia son los que en esos cables se mencionan como autores intelectuales y materiales de actuaciones ilegales.

Wikileaks hay para rato. No será la última vez que escuchemos de ellos: es más, me atrevo a decir que ellos, y organizaciones similares, jugarán un rol muy importante en los próximos años. Al fin al cabo quedan muchísimas ollas podridas por destapar.

@tdiazsalamanca

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