Hizo un día bonito, los metaleros caminaban felices por
entre el pasto tan verde del Simón Bolívar y se echaban risueños a tomar un sol
que no iba a atravesar sus chaquetas negras.
El festival comenzó con Unauthorized, que dedicó una de sus
canciones a los falsos positivos, como homenaje a las madres de las víctimas.
También estaban Brand new blood y Juris Law, tocando al tiempo, muy puntuales. En
el escenario Plaza apenas empezaba a llegar la gente, se veía vacio todavía. El
escenario Lago empezó a llenarse cuando tocó Candy 66, de Venezuela. El tercer
escenario, Ciudad Rock, tenía otro tipo de audiencia, un poco más joven y menos
oscura, tal vez porque allí tocarían grupos más rockeritos como José Fernando
Cortés, y Black Sheep Attack.
Mientras tocaba Gaias Pendulum se vio rotar entre el público
una pancarta que decía “El metal por la no-violencia” y hay que admitir que
tuvieron razón. Hubo un comportamiento ejemplar: durante el concierto de
Haggard, el escenario Plaza estaba tan lleno que las mallas de los costados
empezaron a ceder, sin embargo esto no provocó ningún inconveniente distinto a
los de siempre: algún tobillo torcido en un pogo y todos los desmayados: salía
uno cada 15 minutos, la masa negra los expulsaba hacia las orillas como el mar
hace con las conchitas.
El vocalista de Black Sheep Attack salió al escenario
vestido de cura, y The Vintage, la banda barranquillera, se trajo su fanaticada
costeña, se vieron muchas Jlo’s frente a la tarima. No es que no se vieran
escotes en los otros escenarios, vimos mallas, corpiños, serias chicas
metaleras con largas melenas que llegaban hasta donde comenzaban sus pantalones
de cuero.
Haggard mostró un sonido virtuoso, el escenario parecía
colonizado por la Tierra Media, las soprano, Sussane Ehlers y Veronika
Kramheller, embobaron al auditorio, como un par de elfas maravillosas, venidas
de otro mundo. Los integrantes masculinos eran hombres de las cavernas,
luchadores de dragones. Asis Nasseri, voz y guitarra, le dedicó una canción a
su novia, el cielo empezaba a oscurecerse y apareció una media luna que
iluminaba los contornos de las nubes y los arboles.
Kop cerró el escenario Lago, reunidos con su cantante
Juanrra, que estuvo 5 años en la cárcel por presuntas vinculaciones con la
ETA. La jornada finalizó a las 10:00pm
con Morbid Angel en el escenario Plaza. “We love you so much Bogotá” dijo la
banda emblemática del Death Metal.
El mar negro de los fanáticos del metal estuvo calmado y
apacible. Se vieron pequeños remolinos de pogo, y una fuerte carga política
orientada a la convivencia pacìfica, y a la tolerancia. En palabras de Rock al
Parque: ¡Máximo respeto!