¡Qué boleta!
¡Qué boleta Luis Felipe Munarth!
Daniel Vélez De la Hoz
En época electoral algunos candidatos hacen campañas sucias. Otros hacen campañas sin pies ni cabeza, como la homofóbica de Luis Felipe Munarth

Durante años, el Desfile del Orgullo Gay ha sido una de las manifestaciones usadas por la comunidad LGBT para visibilizarse
Para nadie es un secreto que en época de elecciones cada candidato saca sus armas más poderosas, sobre todo aquellas que son sensibles a un sector de la población que podría representarles votos. Unos se van por la identidad regional y no falta la propaganda al son de vallenato; otros juran seguir con el legado del presidente para ganarse a los uribistas y otros se van en contra de políticos impopulares como el alcalde de Bogotá.
Hay que decirlo: unas estrategias son más creativas que otras, y otras son jugarretas publicitarias en las que unos y otros aspirantes se dan golpes bajos.
Pero la cosa no debería ser igual cuando hay ciudadanos de por medio. Por ejemplo, la campaña de Luis Felipe Munarth, quien aspira por el Partido Conservador a la Cámara por Bogotá. Bajo el lema “Por una vida mejor”, el abogado propone buenas ideas, como la ampliación del acceso a subsidios para madres cabeza de hogar, trabajadores informales y población desplazada. Pero su propuesta de limitar los derechos de las parejas del mismo sexo difícilmente podría caber dentro se su eslogan. Explícitamente dice "No al matrimonio entre personas del mismo sexo" y "No a la adopción de niños por parejas del mismo sexo" ¿Una vida mejor para quién? Este señor es una boleta porque ni siquiera se va contra sus adversarios políticos, sino contra la ciudadanía.
La campaña ha despertado la indignación de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgeneristas), que durante años ha estado luchando por la inclusión social y librando una batalla política por conseguir limpiamente el reconocimiento de sus derechos. El argumento para la negarse a la adopción y al matrimonio entre parejas del mismo sexo es que “nuestros hijos siguen el ejemplo que les damos”, algo que deriva en un debate sobre la razón homosexualidad y que, además, deja en entredicho la comprensión del candidato y de los publicistas que hicieron su campaña de la psicología humana. Eso si no entramos a debatirnos sobre la hipótesis de si exisste o no un gen gay, según afirman algunos estudiosos del genoma humano.
Más importante aún es preguntarse ¿qué tan válido es deslegitimar la lucha de un grupo social en pro de una campaña política? Las personas de la comunidad LGBT son activas en la democracia, pagan impuestos, y en Colombia, gracias a la Corte Constitucional, ha alcanzado reconocimientos importantes -pero todavía insuficientes- en su búsqueda de una posición de igualdad que ni siquiera tendría que cuestionarse. Como ciudadanos, oponerse a sus intereses resulta tan absurdo como volver a debatir si los negros tienen o no alma. O si las mujeres tienen derecho a votar... o si debemos reemplazar a la Constitución por una Biblia.
Mi sugerencia para este señor es que pegue muchos de sus carteles en los museos y cementerios, donde seguramente cadáveres y momias tendrán más oídos para sus propuestas. Tampoco es tan descabellado, ya que en Colombia estamos acostumbrados a que los muertos voten. Aunque honestamente espero que los honorables difuntos tengan más cordura para adaptarse a este tiempo que el mismo Munarth.
Aprovecho para destacar el otro lado de la balanza: La denuncia que hizo el aspirante al Congreso Felipe Zuleta, quien pidió a la Fiscalía explicar por qué no ha abierto una investigación por la creación del grupo en Facebook “Las loquitas sidosas de Arauca”, donde se hacía una lista de varios jóvenes homosexuales de esa ciudad. En la información del grupo estaban los datos de cada una de estas personas, incluidas sus direcciones. Tres de ellos son menores de edad. Zuleta contó a la W que en el país no puede haber gente de "primera como Jerónimo Uribe, hijo del Presidente, y de quinta como estos 28 jóvenes”, refiriéndose al caso de Nicolás Castro, el estudiante acusado de crear el grupo “Me comprometo a matar a Jerónimo Uribe, hijo de Álvaro Uribe” en esa misma red social. En el caso de Nicolás, hasta el FBI intervino, pero para los jóvenes de Arauca ni siquiera se ha abierto un proceso.
Aunque el grupo en Facebook fue cerrado 20 días después de la demanda, estos jóvenes ahora temen por su vida, porque Arauca es una región donde impera el machismo y se han llevado a cabo campañas de “limpieza social”. “En Arauca hay mucho machismo y tememos por la vida de todos los que aparecemos ahí, ya ha habido limpieza social y han matado a lesbianas y gays”, dijo el joven amenazado a la emisora.
Bien por Zuleta Lleras, que sí entiende que todos somos ciudadanos de primera.
¡Qué boleta Luis Felipe Munarth que vive en el odio y la intolerancia!